Alguna vez has sentido que tu mente no para de dar vueltas? En un mundo lleno de notificaciones, prisas y responsabilidades, encontrar un momento de paz auténticas ha convertido en todo un reto. Por suerte, la calma se encuentra en un ovillo de hilo y una aguja de crochet.

Tejer ganchillo es, para muchas de nosotras, el equivalente a hacer yoga o meditación, pero con las manos. Cuando nos sentamos a tejer, el ritmo repetitivo de la aguja obliga a nuestra mente a concentrarse en «aquí y ahora».

La ciencia respalda lo que las tejedoras llevamos años experimentando. Los movimientos acompañados del crochet estimulan las mismas zonas cerebrales que la meditación tradicional. Al cabo de tan sólo 10 minutos tejiendo las pulsaciones se bajan, los músculos de los hombros, bromas se relajan y el cerebro empieza a liberar dopamina y serotonina, las hormonas de la felicidad y el bienestar. Es un descanso real para nuestro sistema nervioso.

Además de calmar la ansiedad, el crochet nos reconcilia con la paciencia. En una sociedad donde todo es inmediato , ver como un proyecto milímetro a milímetro, vuelta a vuelta, nos enseña el valor de los procesos lentos. Cada punto bien acabado es una pequeña victoria diaria que refuerza nuestra autoestima y nos aporta una profunda sensación de logro.

 

Asique la próxima vez que sientas que el dia te supera, busca tu rincón favorito, toma tu aguja y regálate veinte minutos de tejido. Tu mente te lo agradecerá.